El nuevo primer ministro de Hungría, Péter Magyar, pronunció hoy un emotivo discurso frente al Parlamento húngaro, después de prestar juramento en Budapest. Su llegada al poder fue celebrada por miles de ciudadanos como un punto de inflexión democrático y como el inicio de una nueva etapa para una Hungría libre y democrática.

Una de las frases más poderosas de su discurso fue: “No hay izquierda ni derecha, solo húngaros”.

Esa frase resume una idea profunda: cuando un país ha vivido demasiada división, demasiado control político y demasiada manipulación ideológica, llega un momento en que la nación necesita reencontrarse por encima de las etiquetas. La libertad no puede construirse desde el odio entre bandos, sino desde una unidad nacional capaz de reconocer la diversidad política del país y poner por delante el bien común.

Como cubano no partidista, también me encantaría escuchar algún día, ojalá no muy lejano, a la futura presidenta o al futuro presidente de Cuba decir algo semejante:

“No hay izquierda ni derecha, solo cubanos”.

Alguien que llame a la unidad nacional sin borrar las diferencias. Alguien que entienda que una Cuba democrática tendrá que ser plural, libre y profundamente respetuosa de todos sus ciudadanos. Alguien capaz de convocar a los cubanos de dentro y de fuera, a quienes piensan distinto, a quienes han sufrido, a quienes han resistido, a quienes tienen miedo, a quienes han perdido la esperanza y a quienes todavía sueñan con reconstruir el país.

Cuba no necesita otra imposición ideológica. Cuba necesita un proyecto común donde quepamos todos los que creemos en la libertad, la dignidad, los derechos, la justicia y la posibilidad de un país distinto.

Un día también nosotros celebraremos una Cuba libre y democrática. Y ese día, más que una victoria de izquierda o de derecha, tendrá que ser una victoria de Cuba.

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